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Luna Negra

No hay nubes, y las estrellas son perfectamente visibles.

Contrastan con la profunda oscuridad de la luna.

Debería ser blanca o plateada, pero no, está negra. Y gotea. O al menos las "gotas" de esta lluvia parecen provenir de ella.

No me siento mojado, ni hay charcos. Las gotas caen velozmente, pero desaparecen antes de que toquen el suelo.

Las calles, las casas, los postes, los árboles, todo está teñido de un tinte entre rojo y violeta.

¿Un sueño?

Malditas Memorias

Es una tienda de barrio. Una de esas en las que las verduras están a lado de las botellas de cerveza, y en la que los panes y los pasteles esperan por sus consumidores en una misma vitrina de vidrio. Piso de madera, algo de polvo entre los listones.

Una mujer mira el techo, no se inmuta por mi presencia. Su cabello es gris y blanco, y sus facciones no muy finas, con la piel cobriza llena de arrugas. Dos trenzas enmarcan su añejo rostro antes de perderse detrás de su espalda. Sus ojos entrecerrados no reaccionan hasta que yo levanto la voz.

- ¿Hola?
- ¿Te vas a llevar gaseosas?

La mujer se levanta de un banco de madera y empieza a buscar alrededor. Siento frío en la espalda.

Roble Blanco, Roble Negro

Hay cosas que difieren sólo por fuera o por dentro, y hay otras cosas que difieren tanto por dentro, como por fuera.

La mayoría de personas entra en la segunda categoría, somos tan distintos unos de otros que no nos parecemos entre sí, aunque muchos dicen que todas las personas somos iguales. Pero eso no deja de ser una falacia que busca consolarnos, porque al hacernos "iguales", buscamos dejar de sentirnos "solos" y también buscamos ser más "fuertes".

Pero él nunca creyó en eso. Nunca creyó en más que una diferencia, una dicotomía única.

Llamada no bienvenida

Más de medianoche.

Mi celular suena insistentemente... ¿porqué no lo apago para dormir?

Espero a que la llamada se corte por sí sola. Pero luego de unos segundos vuelve a sonar.

Una parte mía me dice "contesta, podría ser una emergencia" y yo le respondo "si fuera una emergencia familiar, llamarían a la casa, y tengo pocos y bien seleccionados amigos, ninguno de ellos se metería en problemas a estar horas del día, al menos no en problemas en los que yo podría resultar útil".

Ese olor que casi se me había olvidado

¿Qué es eso?

Es etéreo y fugaz. Se escapa entre las corrientes de aire de mi habitación. Lo sentí por apenas un instante pero hizo que un escalofrío recorriera mi espalda.

Nunca pude describir ese olor las otras veces que lo olí. Parece una mezcla de varios olores. Tal vez cenizas con algo cítrico, no sé. O humo de cigarrillo mentolado con betún de zapatos.

Él estuvo aquí. No hay duda de eso.

Me levanto de un salto antes de que el olor desaparezca en lo profundo de mi memoria. El pasillo está oscuro a esta hora, al igual que el resto de las habitaciones.

Tu Secreto Estará Bien Guardado

- ¿Eres buena guardando secretos?
- Sí, tengo muchas amigas por eso.
- ¿Guardar secretos es la clave para tener amigos?
- No necesariamente. Hay mucha gente que es bocafloja y sin embargo tiene un montón de amigos.
- ¿Entonces qué tiene que ver son tus amigas?
- Que si fuera por ahí soltando sus secretos, seguramente me dejarían. Aunque me conseguiría otras amigas, si eso llegara a suceder. Es horrible andar solo por el mundo. Ahora bien, no creo que tu pregunta haya sido en vano.
- No, hay algo que me gustaría confiarle a alguien.
- Confía en mí, tu secreto estará bien guardado.

La Mujer Que No Podía Hablar

Ella siempre estuvo en la familia desde que tengo recuerdo.

La primera vez que la vi estaba sentada en el patio, mirando las flores que mi abuelo cuidaba con un gesto muy triste en el rostro. Yo no tendría más de cinco años y me quedé a unos metros, observando, sin atreverme a dar un paso hacia ella. Sin embargo, la curiosidad pudo más. Me acerqué y empecé a hablarle. No recuerdo qué le dije, pero seguramente le pregunté qué hacía sentada en el patio donde yo jugaba, de dónde había salido, cómo se llamaba. Seguramente le hice las preguntas que un niño pequeño le hace a alguien que ve en la casa de su familia.

Ella me miró a los ojos y sonrió débilmente. Chasqueó los dedos y una de las ayudantes de la casa salió al patio. Antes de que pudiera hacer nada, me tenía agarrado de una mano y me arrastraba de vuelta a la casa, mientras la mujer se despedía agitando la mano.

21 Espejos

- Originalmente, el Sol y la Luna debían brillar juntos en el firmamento.

El anciano sale sorpresivamente de su sopor y empieza caminar por la habitación. Con una energía extraña en alguien de su edad, abre las cortinas del enorme ventanal que da hacia el patio.

El cielo está teñido de un rojo muy suave. El sol aún no se ha terminado de esconder en el horizonte. Un par de aves pasan volando rápidamente, seguramente se dirigen a un lugar donde dormir.

- El Sol y la Luna son hermanos, verás. Al inicio siempre competían para ver cuál de los dos salía más temprano para animar al mundo. Esos días eran muy intensos, dos globos incandescentes nos iluminaban y todo parecía ser más rápido, más liviano.
- ¿Y qué pasó? ahora nunca salen juntos... a menos que haya un eclipse.

Héroe

Él nunca quiso ser alguien importante. Jamás se imaginó al frente de miles de personas, simbilizando una causa y encarnando un ideal.

Pero ya es demasiado tarde para retractarse. Está al frente de un pueblo que lo venera y respeta, que sólamente puede ver a un brillante salvador bajo una pesada armadura. Y a su lado, firmes ante la batalla que se aproxima, hay un selecto grupo de caballeros dispuestos a entregar sus vidas por él.

Él aborrece la escena.

Péndulo de Madera

- Ya no eres el mismo de antes.

Un *cling clang* suena luego de esa afirmación, como respaldándola.


- Nunca somos los mismos, ni siquiera por dos segundos seguidos. Que vamos a decir de tanto tiempo.

*cling clang*

Me acomodo mejor en el sofá en el que he despertado. Mi interlocutor me mira con una expresión extraña en el rostro. ¿Odio? ¿Amor? ¿Tristeza?

*cling clang*

Las ventanas de la habitación dejan entrar una luz pálida. La habitación parece no tener focos o lámparas. La única fuente de luz son esas ventanas. Son ocho en total, cada una en una pared.

*cling clang*

- Éste es uno de esos lugares que no debería existir, ¿verdad?
- Y sin embargo existe.

El que nunca estuvo

Él nunca estuvo a mi lado. No, sí estuvo, pero no de la forma que me hubiera gustado.

Él nunca me miró a los ojos compasivamente y compartió un instante conmigo, y aún así me llamó "amigo"... dejé de entender lo que es amistad a partir de ese momento. ¿Es un chiste? ¿Es una mentira? Como cuando te dicen que los bebés vienen de París, que Papá Noel existe o que tu perro se fue a vivir al campo.

Lazos

Creo que alguna vez conocí a alguien, en algún lugar, en algún momento.

- Los lazos están sobrevalorados. Al igual que muchas otras cosas en el mundo, se nos intenta convencer de la idea de que son absolutamente necesarios para una buena vida.
- Somos seres sociales, nuestra evolución nos hizo así. Necesitamos relacionarnos con otros, necesitamos de los lazos para vivir en paz y armonía.
- Yo desprecio esos lazos.

Todo rastro de serenidad abandona su rostro por unos instantes. Pero luego vuelve a esa calma forzada, como si fuera una de esas muñecas de porcelana en una estantería empolvada.

Clavos

- Son un recuerdo extraño.
- No creo poder calificar un recuerdo como "extraño" o "normal". Son simplemente recuerdos, nada más.

Sobre la mesa de noche hay un pedazo de tela blanco y arrugado. Y sobre él un par de clavos algo gruesos y ligeramente negreados. La mujer toma uno de los clavos con una pinza y lo empieza a ver de cerca. Lleva en el rostro la misma expresión de una mujer creyente al contemplar una reliquia sagrada.

Espejos

- Llevas un buen rato yendo de un lado para otro dentro de esta casa, ¿qué sucede? ¿Perdiste algo?
- No, solamente busco un espejo.
- No lo vas a encontrar. No tengo espejos en mi casa.


Me paré en seco. Estoy visitando a mi tío luego de unas semanas del entierro de su hija menor, Anestesia, gracias a que mi madre me mandó a dejarle un recado. Ya es hora de irme, prometí encontrarme con mis amigos, pero antes de salir a la calle necesito de un espejo para arreglarme.

Anestesia - Esperanza

Mi tío David siempre fue uno de esos hombres enigmáticos y caprichosos, el incomprendido de la familia, el que se quedaba sentado a un lado en las reuniones familiares. Su casa asemejaba un laberinto de habitaciones, la mayoría de ellas vacías o con un mueble. Casi no recibía visitas debido a su extraña forma de ser y a lo surrealista de su hogar.

Se casó con una mujer casi tan extraña que él, que falleció mientras daba a luz a su segunda hija.

Su hija mayor se llamaba Esperanza, y la menor, Anestesia.

Conejo cocodrilo

- Tienes que estar orgulloso de lo que eres, y no desees en ningún momento cambiar tu naturaleza.

El anciano se sienta a mi lado.

- No tengo problemas con eso. Acepto quien soy, nunca quise ser otro.
- Si estuvieras en lo cierto, no estarías aquí.

Me quedo callado. El salón en el que estamos sentados se va llenando de niebla. El respaldar de la silla se desvanece y parece que el suelo está temblando.

Antes de que pueda gritar veo que el viejo sostiene un remo y me hace un gesto de silencio, con el índice sobre sus labios. La niebla se disipa un poco. Ahora estamos navegando en un río. Sus aguas son oscuras y hay varias ramas flotando en él. A lo lejos, en las orillas, veo una densa vegetación, de la que provienen el sonido de varias aves que no logro identificar.

Madrugando

Es la enésima vez.

Algo siempre me atrasa.

Un detalle que no puedo dejar en el aire, una canción que necesito descargar, un artículo que necesito volver a leer.

Miro el reloj y son las 10 de la noche.

Es inevitable, estoy peleado con la cama e intento justificarlo sin éxito. Es una de las cosas más absurdas de mi vida. Tener una cama cuando prácticamente no duermo. Frazadas, sábanas y una colcha que se sienten frustradas, inútiles. Son buenas, cómodas, abrigadoras. Pero a pesar de todo eso no me siento atraído por la idea de dormir entre ellas.

La gran H

- ¿Sabes qué tienen en común un hereje de los tiempos de la Inquisición, una prostituta londinense de finales del siglo XIX, un judío en la Europa de los años 40 y un poblador de la zona centro de nuestro país en los años 80?
- ¿Los tres se llamaban Elías o algún otro nombre de origen judío?
- No.
- ¿Los tres corrían el riesgo de ser acusados falsamente por un vecino, alguien de confianza o incluso un amigo?
- No, pero te vas acercando.
- Nunca fui bueno para tus acertijos históricos.
- Los tres vivían el sentimiento llamado "horror".

El Santo y el Pecador

En algún momento, que pudo haber sido hace cinco siglos o la semana pasada, un santo y un pecador coincidieron en un cruce de caminos. Como ambos estaban hambrientos y cansados, decidieron detener su andar por unos momentos para compartir algo de comida y bebida y quizás una buena conversación.

El santo torció el rostro al probar el fuerte licor que el pecador llevaba consigo, y el pecador encontró insípido el pan ácimo que el santo cargaba para el viaje.

Con la sed y el hambre todavía insatisfechos conversaron sobre política, arte, comida y repitieron esos tres temas hasta que ya no superion qué decir, y se quedaron en silencio. Hay que ser honestos, que entre santos y pecadores no se pueden hablar de muchas cosas.

Si tienes un motivo...

- Si tienes un motivo, no lo hagas.

Más de veinte años puestos en suspenso, dependiendo de esa extraña sonrisa en su rostro. Una conversación de toda una vida resumida en una sola frase.

- No entiendo, explícate.
- Es simple, deberías entenderlo al oírlo. Si tienes un motivo, no lo hagas.


No puedo evitar inclinar mi cabeza hacia un lado. Simplemente no lo entiendo. Siempre se me dijo que cada vez que tomara una decisión, por pequeña que fuera, lo haga pensando en el objetivo que busco alcanzar al tomarla. Que nunca actuara sin motivo, sin razón alguna o sin siquiera el simple deseo de hacerlo. Y ahora todo eso se va al tacho de los conceptos.