Él ha dejado que escape.
Me dijo algo como "no importa, ésta es una maquinaria que no puede ser detenida de ninguna manera". Luego le ordenó a su ayudante que me arrojara fuera de la iglesia y que luego se quedara en la puerta, vigilando.
Hace un buen rato que estoy tendido en el piso, respirando fuertemente. A pesar de que la luz de la tarde es tenue me siento casi ciego. los efectos de tanto tiempo en la oscuridad no desaparecen en segundos. Lo primero que veo con claridad son los adoquines de piedra del piso. Se ven casi nuevos, como si los hubieran colocado ayer.
El poco polvo y las piedrecillas sobre los adoquines empiezan a vibrar. Primero muy suave, luego más fuertemente.
Mis ojos pueden ver más allá. Algunas personas asoman por la puerta de una tienda, otras dos que están en el paradero de la plaza miran alrededor. Los postes y los cables que sostienen empiezan a balancearse. Escucho unas tejas caer muy cerca.
Cuando volteo, veo que el frontis de la iglesia se llena de rajaduras rápidamente. El aterrorizado ayudante desaparece en la oscuridad del interior de la iglesia justo antes de el campanario se derrumbe, con un fuerte ruido. La campana queda a medias enterrada, brillante y derrotada.
¿Esto es todo?
¿Un terremoto?
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La Órbita Dorada
- ¿Tan desesperada estás?
Una voz metálica sale de un parlante. Uno de esos que parecen un cuadrado con una red, colocado en una de las paredes de la habitación. Un botón azul en la parte inferior se mantiene permanentemente encendido.
- ¿Tan desesperada estás?
La pregunta se repite.
Una mujer en medio de la habitación levanta la vista de sus libros y anotaciones. Lleva un par de gafas sobre la nariz y otros varios pares colgando de su cuello. Se acerca presurosamente al parlante y utiliza una regla muy larga para presionar el botón azul.
Una voz metálica sale de un parlante. Uno de esos que parecen un cuadrado con una red, colocado en una de las paredes de la habitación. Un botón azul en la parte inferior se mantiene permanentemente encendido.
- ¿Tan desesperada estás?
La pregunta se repite.
Una mujer en medio de la habitación levanta la vista de sus libros y anotaciones. Lleva un par de gafas sobre la nariz y otros varios pares colgando de su cuello. Se acerca presurosamente al parlante y utiliza una regla muy larga para presionar el botón azul.
El Monóculo de Ónix
Las cadenas verdosas dejaron de agitarse hace un rato, pero la sensación de mareo no me abandona ni por un instante. Siento que si intento ponerme de pie vomitaré. Prefiero quedarme sentado, con los brazos estirados en el aire, como una extraña marioneta.
Me siento demasiado mal como para siquiera mirar el reloj de mi muñeca.
Me siento demasiado mal como para siquiera mirar el reloj de mi muñeca.
Sacos de Sombras
Nunca amé mi primer trabajo.
- Es el bautizo cuando alguien se nos une, todos pasaron por él, incluso yo, que ahora soy jefe.
Ni siquiera sentía hacia esa labor la mas mínima consideración o admiración.
Empecé como "desarchivador". Mi labor era bajar al ófrico subterráneo de las oficinas, y rebuscar en sus amplios anaqueles los archivadores que contenían casos demasiado viejos para seguir ocupando espacio. Pero antes de eliminarlos definitivamente, tenía que escanearlos con un aparato casi descompuesto y guardar todo en una serie de discos compactos. Luego trituraba las hojas de los informes antes de desecharlas en unos sacos de arpillera, que también tenía que coser cuidadosamente antes de eliminar.
Era obvio que esos discos se cubrirían de hongos antes de que alguien se acordara de los documentos que contenían.
- Es el bautizo cuando alguien se nos une, todos pasaron por él, incluso yo, que ahora soy jefe.
Ni siquiera sentía hacia esa labor la mas mínima consideración o admiración.
Empecé como "desarchivador". Mi labor era bajar al ófrico subterráneo de las oficinas, y rebuscar en sus amplios anaqueles los archivadores que contenían casos demasiado viejos para seguir ocupando espacio. Pero antes de eliminarlos definitivamente, tenía que escanearlos con un aparato casi descompuesto y guardar todo en una serie de discos compactos. Luego trituraba las hojas de los informes antes de desecharlas en unos sacos de arpillera, que también tenía que coser cuidadosamente antes de eliminar.
Era obvio que esos discos se cubrirían de hongos antes de que alguien se acordara de los documentos que contenían.
Los Siete Tomos
No fue fácil entrar. Tuve que observar al "villano" durante días, anotar sus entradas y salidas, así como la rutina de su esposa y sus tres ayudantes.
Ahora uno de sus ayudantes me ha dejado entrar. O, mejor dicho, lo he convencido de dejarme entrar. Un hermano suyo está internado en Qenqoro, y le he ofrecido algo de ayuda para mejorar su situación, a cambio de permitirme buscar un libro de mi propiedad en la colección del dueño de casa. Me advirtió, en voz muy baja, que sólo tendría unos quince minutos, que el señor ya llegaría. Y que dejaría la puerta abierta, para que pudiera salir. Luego desapareció en lo profundo de los pasillos.
Ahora uno de sus ayudantes me ha dejado entrar. O, mejor dicho, lo he convencido de dejarme entrar. Un hermano suyo está internado en Qenqoro, y le he ofrecido algo de ayuda para mejorar su situación, a cambio de permitirme buscar un libro de mi propiedad en la colección del dueño de casa. Me advirtió, en voz muy baja, que sólo tendría unos quince minutos, que el señor ya llegaría. Y que dejaría la puerta abierta, para que pudiera salir. Luego desapareció en lo profundo de los pasillos.
Lo que las cadenas de esmeralda aprisionan
- Así que estaba en lo cierto.
Mi captor gira sobre sus talones a mirarme, sin dejar de jalar de la soga con la que me tiene amarrado.
- ¿Con qué cosa?
- Santa Ana juega un papel esencial en tu plan.
- Cierto, por eso te saqué del juego cuando te acercaste demasiado, aunque veo que no lo logré del todo.
- De todos modos nunca habrían pensado que apuntarías tan alto. Utilizar la misma iglesia de este barrio es muy arriesgado de tu parte.
- No cuando tienes contactos en las dependencias indicadas, o el dinero necesario para comprar a un par de funcionarios. Ya sabes cómo funcionan las cosas aquí.
Estamos debajo de la iglesia que mencioné hace un rato. Entramos por la puerta de la sacristía, como nada en el mundo. En pocas palabras, nadie repara en un sujeto llevando a otro con una soga atando sus manos.
Mi captor gira sobre sus talones a mirarme, sin dejar de jalar de la soga con la que me tiene amarrado.
- ¿Con qué cosa?
- Santa Ana juega un papel esencial en tu plan.
- Cierto, por eso te saqué del juego cuando te acercaste demasiado, aunque veo que no lo logré del todo.
- De todos modos nunca habrían pensado que apuntarías tan alto. Utilizar la misma iglesia de este barrio es muy arriesgado de tu parte.
- No cuando tienes contactos en las dependencias indicadas, o el dinero necesario para comprar a un par de funcionarios. Ya sabes cómo funcionan las cosas aquí.
Estamos debajo de la iglesia que mencioné hace un rato. Entramos por la puerta de la sacristía, como nada en el mundo. En pocas palabras, nadie repara en un sujeto llevando a otro con una soga atando sus manos.
Cataratas Violetas
- No creo que en esta zona hallemos lo que estamos buscando.
- Te dije que los mapas no siempre revelan el territorio.
Si bien debería estar viendo al viejo directo a los ojos mientras hablamos, su montura me parece más interesante. Es un burro ciego que sólo camina hacia donde señala el dedo de su jinete. Cansino y lento, desde que salimos de la ciudad. Ni siquiera pude ver de dónde salió. ¿Acaso el viejo lleva pokébolas en sus pantalones?
- ¿Quieres ver lo que sucede cuando señalo con más de un dedo?
- No creo que...
El anciano no me escucha y estira dos dedos más hacia adelante, el medio y el anular. El burro empieza a correr bastante rápido, antes de detenerse intempestivamente.
- ¡Creo que ya encontré el lugar!
- Te dije que los mapas no siempre revelan el territorio.
Si bien debería estar viendo al viejo directo a los ojos mientras hablamos, su montura me parece más interesante. Es un burro ciego que sólo camina hacia donde señala el dedo de su jinete. Cansino y lento, desde que salimos de la ciudad. Ni siquiera pude ver de dónde salió. ¿Acaso el viejo lleva pokébolas en sus pantalones?
- ¿Quieres ver lo que sucede cuando señalo con más de un dedo?
- No creo que...
El anciano no me escucha y estira dos dedos más hacia adelante, el medio y el anular. El burro empieza a correr bastante rápido, antes de detenerse intempestivamente.
- ¡Creo que ya encontré el lugar!
Tres días después de la terapia
He pasado los últimos tres días tendido en una cama, sin poder levantarme excepto para ir al baño.
La terapia fue dura.
Me llenaron los dos brazos de vías intravenosas, y ahora ambos están morados y adoloridos. Tuvieron que actuar así porque no sabían lo que sucedía conmigo. No sabían qué me inyectaron el momento del ataque. No podían deducir si era una neurotoxina, un virus o cualquier otro compuesto igual de dañino. Habían momentos en los que mi cuerpo ardía de fiebre y otros en los que se llenaba de escalofríos. Vomitaba todo lo que comía y cuando probaba algún líquido me sabía a azufre. Eso sin contar que mi cuerpo temblaba la mayor parte de tiempo y que mis brazos o piernas se paralizaban de rato en rato.
La terapia fue dura.
Me llenaron los dos brazos de vías intravenosas, y ahora ambos están morados y adoloridos. Tuvieron que actuar así porque no sabían lo que sucedía conmigo. No sabían qué me inyectaron el momento del ataque. No podían deducir si era una neurotoxina, un virus o cualquier otro compuesto igual de dañino. Habían momentos en los que mi cuerpo ardía de fiebre y otros en los que se llenaba de escalofríos. Vomitaba todo lo que comía y cuando probaba algún líquido me sabía a azufre. Eso sin contar que mi cuerpo temblaba la mayor parte de tiempo y que mis brazos o piernas se paralizaban de rato en rato.
El Candelabro Guía
Decidí que era hora de cambiar de hábitos.
Que ya no me iba a quedar en casa todo el tiempo.
Siempre me dijeron que los caminos del campo son hermosos de noche. Que las estrellas se pueden ver con mucha más nitidez que en la ciudad, que incluso puedes ver estrellas que usualmente no ves debido al smog de la gran urbe. Y que la luna es tan brillante que puede iluminar el camino que tomes, haciendo innecesarias a las linternas y lámparas.
Que ya no me iba a quedar en casa todo el tiempo.
Siempre me dijeron que los caminos del campo son hermosos de noche. Que las estrellas se pueden ver con mucha más nitidez que en la ciudad, que incluso puedes ver estrellas que usualmente no ves debido al smog de la gran urbe. Y que la luna es tan brillante que puede iluminar el camino que tomes, haciendo innecesarias a las linternas y lámparas.
Reloj
Él atesoraba mucho un reloj.
Uno de esos relojes antiguos que los caballeros de antaño colgaban de sus chalecos gracias a una larga cadena.
No es raro atesorar un artefacto así. Un reloj de bolsillo es talvez la única invención humana que combina arte y ciencia.
Pero lo extraño era que el reloj llevaba ya muchos años completamente roto.
La tapa apenas se sostiene al cuerpo mediante una pequeña y oxidada bisagra, la parte posterior es un mapa de rayaduras y el aro que le da la forma a todo el reloj hace tiempo que dejó de ser un círculo completo. Del brillante cristal que protegía los números y las manillas solamente quedan unas astillas. El fondo blanco del mismo reloj está amarillo y a medias cubierto de esas manchas negras que les salen a las cosas cuando empiezan a envejecer en desuso.
Uno de esos relojes antiguos que los caballeros de antaño colgaban de sus chalecos gracias a una larga cadena.
No es raro atesorar un artefacto así. Un reloj de bolsillo es talvez la única invención humana que combina arte y ciencia.
Pero lo extraño era que el reloj llevaba ya muchos años completamente roto.
La tapa apenas se sostiene al cuerpo mediante una pequeña y oxidada bisagra, la parte posterior es un mapa de rayaduras y el aro que le da la forma a todo el reloj hace tiempo que dejó de ser un círculo completo. Del brillante cristal que protegía los números y las manillas solamente quedan unas astillas. El fondo blanco del mismo reloj está amarillo y a medias cubierto de esas manchas negras que les salen a las cosas cuando empiezan a envejecer en desuso.
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