Reloj

Él atesoraba mucho un reloj.

Uno de esos relojes antiguos que los caballeros de antaño colgaban de sus chalecos gracias a una larga cadena.

No es raro atesorar un artefacto así. Un reloj de bolsillo es talvez la única invención humana que combina arte y ciencia.

Pero lo extraño era que el reloj llevaba ya muchos años completamente roto.

La tapa apenas se sostiene al cuerpo mediante una pequeña y oxidada bisagra, la parte posterior es un mapa de rayaduras y el aro que le da la forma a todo el reloj hace tiempo que dejó de ser un círculo completo. Del brillante cristal que protegía los números y las manillas solamente quedan unas astillas. El fondo blanco del mismo reloj está amarillo y a medias cubierto de esas manchas negras que les salen a las cosas cuando empiezan a envejecer en desuso.

Plumas

Despierto con una extraña sensación de pesadez en todo el cuerpo. Estoy en mi cama, pero vestido con la misma ropa con la que salí anoche. Al revisarme encontré una pluma en mi polo. Y luego otras dos en mis pantalones.

¿Dónde se me pegaron?

No se dónde estuve anoche. Desde que vivo solo, todo ha sido tan confuso.

Veo las plumas con más detenimiento. Son blancas, pequeñas y muy suaves. No son plumas de paloma, ni de loro, ni de periquito. Son las plumas del relleno de un adredón. Pero yo nunca he tenido un edredón así.

Lo último que recuerdo de la noche anterior es estar sentado en la barra, bebiendo un vaso de cuba libre mientras observaba a la gente entrar y salir del local. No recuerdo que nadie se me acercara, ni que nadie se sentara a mi lado. No recuerdo ni siquiera cuánto gasté anoche.